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Literatura Colombiana:Novela


Las normas legales establecen un periodo de protección de los derechos de autor de 80 años (Ley 23 de 1982, art. 21), por lo cual el Patrimonio Literario Colombiano está conformado por las obras de escritores fallecidos antes de 1936. Estas obras son el objetivo de BiblioColombia.

Un análisis de este patrimonio público revela algunos aspectos importantes, comunes a los diferentes géneros literarios.


El período de nuestra historia literaria cubre casi cuatro siglos, desde las primeras obras escritas en nuestro territorio que se conservan, atribuidas al explorador y conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada : Indicaciones para el buen gobierno (1549); Memoria de los descubridores, que entraron conmigo a descubrir y conquistar el Reino de Granada (1556), y El Antijovio - Apuntamientos y anotaciones sobre la historia de Paulo Jovio (1567).


En este período, es realmente baja la participación femenina en las letras nacionales, producto de la sociedad patriarcal y la limitación (incluso legal) de los derechos de la mujer, que condujo a su histórica discriminación y marginación de los diferentes escenarios de la vida nacional, lo que, que entre otros aspectos, se ha reflejado en la su limitado acceso a la educación y consecuentemente a la creación literaria nacional: incluso, hoy persiste el desconocimiento del trabajo literario de la mujer. En la práctica, solo son conocidas tres grandes autoras: La escritora religiosa Francisca Josefa del Castillo (Tunja, 1671 - 1742), y las bogotanas Josefa Acevedo de Gómez (1803 – 1861) hija del tribuno del pueblo José Acevedo y Gómez, quien firmo el Acta de Independencia el 20 de julio de 1810, y Soledad Acosta de Samper (1833 – 1913) Hija del General Joaquín Acosta, protagonista de la independencia nacional. Precisamente, Soledad Acosta, en su obra La mujer en la sociedad moderna, realiza un recuento de las escritoras colombianas más relevantes de su siglo, entre quienes se encuentran: las poetisas Silveria Espinosa de Rendón (1815-1886), Agripina Samper de Ancízar (1833- 1892) y Bertilda Samper Acosta (1856-1910), Agripina Montes del Valle (1844-1915), la novelista huilense Waldina Dávila de Ponce de León (1831-1900), la historiadora y novelista Herminia Gómez Jaime de Abadía (1861-1926) y Eva Ceferina Vergel y Marea (1856-1900). Todas ellas, deliberadamente desconocidas y sus obras condenadas al olvido. Sin duda, frente a la mujer y las comunidades indígenas, el país tiene una histórica deuda de desconocimiento sistemático de su creación literaria que persiste aun en nuestros días.


Hay un marcado predominio de las corrientes costumbrista e histórica, con una marginal participación del modernismo (José Asunción Silva, Guillermo Valencia y José María Varga Vila) y casi nula de las demás corrientes literarias.


Durante el Siglo XIX, existió una alta correlación entre la política y la literatura : los protagonistas de la gesta libertadora y de la conducción del nuevo Estado fueron grandes escritores, varios de ellos incluso ejercieron la Presidencia (José Fernández Madrid, Camilo Torres, Antonio Nariño, Juan José Nieto Gil, Santiago Pérez, Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro y José Manual Marroquín ). Este rol de los estadistas en la creación literaria fue disminuyendo hasta desaparecer en el Siglo XX.



La Novela

La novela en Colombia inicia en la época colonial con la obra pionera El Desierto Prodigioso o prodigios del desierto, del escritor santafereño Pedro de Solís y Valenzuela (1624-1711). Escrita hacia 1650, su existencia solo vino a ser reportada en España en 1963, por lo que su difusión en el país solo se inició hacia finales del Siglo XX. Es una novela de corte barroco con un fuerte componente místico-religioso, en cuya estructura presenta una compleja mezcla de prosa y verso, con materiales breves, epistolares, biográficos e incluso anécdotas y meditaciones. Por la fecha de elaboración, su complejidad y la riqueza de su narración, es considerada la primera novela escrita en Hispanoamérica. La Obra completa (Manuscrito) en formato PDF se puede consultar en el portal web del Instituto Caro y Cuervo, y en 2015 fue publicada en formato digital por la Biblioteca Nacional de Colombia.


Fue hasta mediados del Siglo XIX que la novela se desarrolla plenamente en nuestro país, principalmente en los géneros histórico y costumbrista, con algunos avances en la novela social y psicológica, y el inicio del modernismo hacia finales del siglo.


A la novela histórica corresponde el honor de haber iniciado este género en nuestro país, con importantes representantes como el expresidente Juan José Nieto Gil, Felipe Pérez y Soledad Acosta de Samper.


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Si bien existen algunas obras previas de narrativa (María Dolores o la historia de mi casamiento de José Joaquín Ortiz), se reconoce al militar, político, estadista y escritor cartagenero Juan José Nieto Gil, como el iniciador del género novelesco nacional, con sus tres novelas de corte histórico Yngermina o la Hija de Calamar (1844) y Los Moriscos (1845), escritas durante su exilio en Jamaica y Rosina o la prisión del Castillo de Changres (1850) inspirada en su reclusión en Panamá. Su autor fue un protagonista de la vida política nacional; ejerció en varios períodos la Gobernación de Cartagena, y fue el primer (y único) afrodescendiente en ejercer la presidencia de la República (Confederación Granadina, 1861). Sus obras, además del valor literario, tienen un carácter histórico, gracias a las calidades intelectuales y políticas de Nieto Gil, quien antes de estas tres novelas había publicado el folleto Derechos y deberes del hombre en sociedad (1834), Geografía histórica, estadística y local de la provincia de Cartagena (1839) y el Diccionario mercantil (1841).


Otro escritor importante del género histórico es Felipe Pérez (1836 - 1891). Político, escritor, periodista y geógrafo boyacense, miembro de una brillante familia compuesta por literatos, estadistas y científicos (su hermano Santiago, fue presidente de la República durante el período 1874 – 1876). En 1862 publica su Historia de la revolución de 1860, sobre la guerra civil que llevaría a los liberales al Olimpo Radical, y gracias a su experiencia diplomática escribe los ensayos Análisis político, social y económico de la República del Ecuador y Bosquejo de las revoluciones peruanas, así como las novelas históricas inspiradas en personajes de la historia peruana Atahualpa, Los Pizarros, Huayna Capac, Jilma, Tupac Amaru, y los dramas Gonzalo Pizarro y Las tres reinas puesto en escena en Bogotá en 1858. También es de esta época la novela Los pecados sociales sobre las costumbres limeñas. Entre sus novelas no históricas se destacan Estela, Irma, Sara, La muerte del gato, Los dos Juanes, Samuel Selibht, El bosquecillo de álamos, El profesor de Gotinga, Isabel y Carlota y El Caballero de Rauzán, popularizada en dos versiones para televisión (1978 y 2000).


Capítulo especial en la literatura colombiana merece Doña Soledad Acosta de Samper (Bogotá, 1833 —1913). Hija del General Joaquín Acosta y casada con el periodista, escritor y político José María Samper, fue una de las intelectuales y escritoras más prolíficas del siglo XIX en Colombia. En sus labores como novelista, cuentista, periodista, historiadora y editora, escribió 21 novelas, 48 cuentos, 4 obras de teatro, 43 estudios sociales y literarios, y 21 tratados de historia; fundó y dirigió cinco periódicos, además hizo numerosas traducciones. También fue una impulsora del papel de la mujer en la naciente república: 24 de sus estudios sociales están dedicados al tema de las mujeres y su papel en la sociedad. En 1870 publicó su primera novela histórica, José Antonio Galán. Episodios de la guerra de los comuneros, a la cual siguieron Los piratas en Cartagena: crónicas histórico novelescas (1886); Aventuras de un español entre los indios de las Antillas (1905); Españoles en América. Episodios histórico-novelescos, y Un hidalgo conquistador (1907). Con carácter social e incluso psicológico, escribió Novelas y cuadros de la vida suramericana (1869), en donde sobresalen las novelas Dolores (Cuadros de la vida de una mujer); Teresa la Limeña (Páginas de la vida de una peruana); El corazón de la mujer; Ilusión y realidad y Luz y sombra, y Una Holandesa en América (1888).


La otra gran vertiente literaria colombiana fue el costumbrismo, con la mayor cantidad de autores y obras narrativas. En la Introducción a la novela de costumbres “Las tres semanas” de José David Guarín, nos dice el estudioso de la literatura colombiana Antonio Curcio Altamar “Proliferó en Colombia el costumbrismo, con mayor profusión que en los demás países de Hispanoamérica, con ser que en todos ellos los "artículos" y "cuadros de costumbres" ejercieron un absorbente y obsesivo predominio.. "Un ramo que ha gozado de la particular predilección de los colombianos, y quizás el más cultivado después de la poesía lírica, es el de cuadros de costumbres, género que ha servido como de escuela preparatoria en donde todos hemos aprendido a tener gusto por las producciones de los talentos colombianos. Ahí están, como pensador de alta escuela, de donairoso y expresivo decir, Juan de Dios Restrepo; como ameno, culto y espiritual narrador, José Caicedo Rojas; como observador sagaz y ocurrente, Medardo Rivas; como inmortalizador de recuerdos de antaño, Rafael Eliseo Santander; como epigramático, José David Guarín; como original y delicado en sus pinturas, Ricardo Silva; como lleno de sal ática, José Manuel Marroquín; como sentimental, gracioso y de retozón ingenio y exquisita variedad, José María Vergara y Vergara." “A la inversa de lo ocurrido en México, por ejemplo, en donde la crítica fue mordaz, tumultuosa y destructiva, en Colombia, debido quizás al temperamento más conservador de los costumbristas, esta subforma tuvo un carácter burgués de mansedumbre descriptiva y apacible. En Colombia el género costumbrista se enderezó comúnmente a un fin didáctico y moralizante”.


Don José Eugenio Díaz Castro (Soacha, 1803 - Bogotá, 1875), escritor autodidacta de origen campesino, fue uno de los pioneros de la narrativa costumbrista en el país, con su novela Manuela (1856), considerada en su época la novela nacional, y de varios artículos, cuadros y novelas costumbristas como El rejo de enlazar; Bruna la carbonera; Una ronda de Don Ventura Ahumada; María Ticince o Los pescadores del Funza; Los aguinaldos en Chapinero; El Caney del Totumo y Pioquinta o El valle de Trenza (novela que dejó inconclusa).


Doña Josefa Acevedo de Gómez (1803-1861), hija de José Acevedo y Gómez, el prócer de la Independencia conocido como el "Tribuno del pueblo", tiene el mérito de ser la primera escritora civil en nuestro país, iniciando el camino del pensamiento y la escritura de las mujeres colombianas, y en su temática trabajó el papel de la mujer en la sociedad. Como escritora de costumbres; sus obras tienen fuerte inclinación hacia un sentido moral. Publicó varias biografías, las “Poesías de una granadina” (1854), el Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia y las amas de casa(1848), y. “Cuadros de la vida privada de algunos granadinos, copiados al natural para instruccion i divertimento de los curiosos” (1861), obra póstuma que contiene varias novelas cortas: El triunfo de la generosidad sobre el fanatismo político, El soldado, Valerio o el calavera, Angelina, La caridad cristiana, El pobre Braulio, La vida de un nombre y Mis recuerdos de Tibacuy.


Las Novelas clásicas colombianas

En la segunda mitad del Siglo XIX se escribieron la mayoría de las novelas emblemáticas de nuestro patrimonio literario


María (1867), de Jorge Isaacs (Cali, 1837 - Ibagué, 1895), es quizá la novela más icónica de nuestra literatura. Se clasifica en el romantisimo por el relato en primera persona del protagonista, del amor idílico, casto e imposible de efrain y maría, signados por el dolor, la separación y la muerte, cuyos principales hechos se desenvuelven en un marco natural, que acompaña con sus mutaciones los vaivenes del idilio. Por su descripción de la naturaleza y las costumbres de la región vallecaucana, algunos la clasifican dentro del costumbrismo, mientras otros estudiosos le otorgan un carácter histórico al reflejar las relaciones sociales regionales de la naciente república.

El alférez real (1886) del escritor y político vallecaucano José Eustaquio Palacios (Roldanillo, 1830 - Cali, 1898), de carácter romántico y costumbrista, pero también considerada como una de las obras cumbres de la novela histórica granadina: su desarrollo se sitúa entre 1789 y 1792, durante el virreinato de José Manuel de Ezpeleta, describiendo vivamente acontecimientos y costumbres de la Cali de entonces. La novela detalla la vida dentro del convento de San Francisco, las diferentes celebraciones entorno a la coronación de Carlos IV de España, y ante todo a las costumbres y vida alrededor de la Hacienda Cañasgordas, propiedad del Alférez Real, Manuel de Cayzedo y Tenorio, como la ganadería, el negocio del azúcar y la vida y trata de esclavos. Palacios utilizó diversos archivos históricos de la ciudad, entre ellos las actas del Cabildo, de la Parroquia y la Notaría, con los cuales se ayudó para retratar la vida social de Santiago de Cali durante los últimos años de la colonia y los primeros años de la Independencia de Colombia; lo que le otorgó a la novela su valor histórico.

Tránsito (1886) del abogado, periodista y escritor costumbrista Luis Segundo de Silvestre (1838 – 1887), novela con elementos culturales descriptivos de la región del Tolima Grande, gira en torno al dilema de los amores juveniles imposibles, que “es interesante porque muestra el sistema rígido de clases que se vivía en el país por aquel entonces, acomodado a los intereses del poder patriarcal. Se trata de una vieja herencia española que se remonta a la Edad Media, según la cual un joven no puede aspirar a unirse legalmente con una muchacha inferior. Si puede hacerlo de manera irregular, pero a condición de que «no se sepa”


La Vorágine (1924) obra cumbre del abogado, diplomático y escritor huilense José Eustasio Rivera (1888 –1928), de corte naturalista, es una de las más importantes de la literatura colombiana e hispanoamericana, hasta el punto de ser considerada por muchos como la gran novela de la selva latinoamericana. Su eje central no es el amor de los protagonistas, Arturo Cova y Alicia, sino el proceso de colonización de los llanos orientales y la penosa esclavitud a la que sometía la casa peruana Arana a los trabajadores del amazonas que extraían el caucho. La selva, sus ritos ancestrales y sus alucinaciones, y la lucha incansable por sobrevivir en ella son los protagonistas de esta novela que narra además la tragedia social que padecía Colombia. Se considera una novela moderna que quiebra el romanticismo y el costumbrismo que hasta ese momento habían dominado la novela nacional, un libro descarnado sobre la verdadera selva, la vida de un hombre que deja todo en los azares del destino, lo que se expresa desde el mismo comienzo de la novela “...jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia…”, y su final ; "Ni rastros de ellos."¡Los devoró la selva!"


De este período también podemos citas las novelas El doctor Temis (1851), del abogado José María Angel Gaitán (1819-1851), primera novela extensa, de corte urbano/policial; Peregrinación de Alpha: por las provincias del norte de la Nueva Granada en 1850/ 51 (1853) de Manuel Ancízar (1812-1882); Escenas del hogar (1892), colección de novelas cortas de Enrique Alvares Bonilla (1848-1913); Diana cazadora (1917), de del cronista y poeta Clímaco Soto Borda (Bogotá, 1870-1919), que describe la vida bogotana de principios del siglo XX; Inés: Novela basada en acontecimientos de la revolución civil colombiana de 1899 (1908) de Jesús Arenas



El modernismo

El modernismo fue un movimiento literario que se desarrolló en Hispanoamérica entre el final del Siglo XIX y el comienzo del Siglo XX, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica. En Colombia su máximo representante es José Asunción Silva (Bogotá, 1865 - 1896), considerado el más grande poeta nacional, autor de una única novela De Sobremesa, escrita en 1986 pero publicada tan solo en 1925; su protagonista, José Fernández de Andrade, es un personaje contradictorio y atormentado, desgarrado por sus conflictos internos y en duda a cada instante, expresa un discurso sobre el arte y el artista finisecular, en línea con los planteamientos de Charles Baudelaire sobre la misión de la poesía y del poeta y por el proceso de la búsqueda de la armonía y el ideal.


En la primera mitad del Siglo XX, destaca la figura panfletaria e irreverente de José María Vargas Vila (Bogotá, 1860 – Barcelona, 1933), de formación autodidacta, fue uno de los intelectuales, periodistas y escritores más polémicos y prolíficos del país. Su activa participación en política y sus ideas liberales radicales lo llevaron a enfrentarse con el clero, las ideas conservadoras imperantes en el país (Rafel Núñez) y la política imperialista de Estados Unidos. Su creación literaria sobrepasa las 100 obras en diferentes géneros, principalmente la novela, muchas de carácter histórico y político. En 1889 publica su primera novela Aura o las violetas, de corte romántico (relato en primera persona de un amor adolescente frustrado), primera novela colombiana en ser llevada al cine, pero su sentimiento ateo lo enfrentó con el clero, y luego de la publicación de su novela Ibis (1900), fue excomulgado por la Santa Sede. La publicación de Ante los bárbaros (los Estados Unidos y la Guerra) el yanki: he ahí el enemigo (1903) lo enfrentó al gobierno de los Estados Unidos, que ordenó su salida de ese país (1904). La muerte del cóndor (1914), obra apologética del militar y expresidente ecuatoriano Eloy Alfaro, a quien Vargas Vila erige como uno de los grandes hombres latinoamericanos, un ejemplo de líder y de guerrero, a la usanza de José Martí. En BiblioColombia están disponibles además las novelas Flor de fango ( 1895); Las rosas de la tarde (1901); Alba roja,París (1901); Copos de espuma (1902); El camino del triunfo (1909); Ars-verba (1913);Archipiélago sonoro, poemas sinfónicos (1913); Clepsidra roja (1915); María Magdalena; novela lírica (1917); Salomé, novela poema (1920); Cachorro de león - novela de almas rústicas (1920); Belona dea orbi (1921) y El motín de los retablos.


BiblioColombia ofrece una colección bibliográfica de más de 80 novelas en sus diferentes versiones (novela corta, costumbrista, histórica, social). VER CATALOGO DE NOVELA


Invitamos a nuestros lectores que posean obras literarias colombianas de dominio público, a enviarlas para su publicación y la ampliación del patrimonio literario disponible para todos los colombianos. También a publicar las obras de su autoría, para ampliar el patrimonio literario colombiano y construir entre todos una nueva era de resplandor de las letras en nuestro país.

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