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Ernest Hemingway

Ernest Hemingway
Ernest Hemingway.jpg
Escritor estadounidense cuya obra está considerada entre los clásicos de la literatura del Siglo XX.
Nombre completoErnest Miller Hemingway
Nacimiento21 de julio de 1899
Oak Park, Chicago
Defunción2 de julio de 1961
Idaho
OcupaciónEscritor, periodista
GéneroNovela, cuento, crónica, reportaje
Obras notablesFiest
Adiós a las armas
Por quién doblan las campanas
El viejo y el mar
CónyugeHadley Richardson
Pauline Pfeiffer
Martha Gellhorn
Mary Welsh
DescendenciaJack Hemingway
Gregory Hemingway
Patrick Hemingway
FirmaFirma de Ernest Hemingway.png
PremiosPremio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar
Premio Nobel de Literatura 1954

Ernest Miller Hemingway. Escritor estadounidense cuya obra, considerada ya clásica en la literatura del Siglo XX, ha ejercido una notable influencia tanto por la sobriedad de su estilo como por los elementos trágicos y el retrato de una época que representa. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954.

Apasionado de la caza, la pesca y la aventura. Vivió en Cuba por un periodo de veinte años. Por su amor a esta isla, en La Habana, una marina y un torneo de pesca llevan su nombre.

Síntesis biográfica

Ernest Miller Hemingway nació el día 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, hijo de Clarence Edmonds Hemingway, médico, y de Grace Hall. Su infancia estuvo marcada por la crianza de una madre dominante y un padre con tendencias a la depresión. De acuerdo con sus biógrafos, no tuvo una infancia muy feliz, pues fue marcado por la relación conflictiva con su padre, quien se suicidaría en 1928. A los quince años, sale de su hogar, pero regresó al poco tiempo para terminar sus estudios.

Destacó como jugador de fútbol y boxeador en su época de colegial. En 1917 termina sus estudios pero cambió la Universidad para trabajar durante unos meses en el Kansas City Star como reportero. Desde su juventud sintió una adicción desmedida por el boxeo y la caza, deportes que unidos a la práctica del periodismo lo convierten en un trotamundos y en estudioso de la naturaleza humana. El escritor viajó por distintos países de Europa y África.

Se inició como reportero en el Kansas City Star, y poco tiempo después se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la Primera Guerra Mundial. Más adelante fue transferido al ejército italiano resultando herido de gravedad. Después de la guerra trabajó como corresponsal del Toronto Star hasta su marcha a París. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho.

Su participación en las Guerras

Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial había estallado. Estados Unidos entró en la contienda en 1917, y el entonces muy joven Ernest quiere emular con otros grandes de la llamada Generación perdida como John Dos Passos, William Faulkner o F. Scott Fitzgerald.

Pero no fue aceptado como soldado y sí como conductor de ambulancias de la Cruz Roja. Desembarcó en Burdeos a fines de 1918 y se incorporó al frente en Italia. Cuando fue herido de gravedad al ser alcanzada la ambulancia que conducía por un proyectil. Pese a ello, cargó al hombro al soldado italiano que transportaba y lo llevó a salvo, ganándose la Medalla de Plata al Valor.

Estuvo recluido en un hospital de Milán, donde conoció a una joven enfermera, Agnes von Kurowsky, con quien vivió un romance, relación que se frustró pero que el narrador tradujo a otro plano al escribir Adiós a las armas, luego de trabajar como periodista en el Toronto Star y en el Cooperative Commonwealth.

Guerra Civil Española

Su presencia en España como corresponsal durante la Guerra Civil y como combatiente en las trincheras de la República, le inspiró una de sus más relevantes novelas, allí participa en el rodaje de La tierra española; denuncia la muerte de centenares de ex combatientes norteamericanos en los cayos de Matecumbe, y regresa al periodismo después de diez años.

Segunda Guerra Mundial

En la Segunda Guerra Mundial en el Extremo Oriente reporta el conflicto chino-japonés, en Europa es corresponsal de guerra, participa en misiones aéreas y forma parte en el Desembarco de Normandía. Al regresar a Cuba, se involucra en una agencia de operaciones antifascistas. Con su estado mayor en Finca Vigía, una vez artillado el «Pilar».

En el mes de mayo de 1943, en su yate Pilar realizó patrullaje en la cayería norte de la provincia Camaguey, a partir del hundimiento por un submarino alemán, al este de Nuevitas, de un pequeño buque-tanque y del barco Ni berliver. Hemingway y su tripulación visitaron Cayo Sabinal, Cayo Confites, donde sembró siete pinos; el Faro de Paredón Grande, el de Maternillos y Cayo Romano. En este último se abastecían de cangrejos, que comían crudos con limón. Estos lugares aparecen descritos en su libro Islas en el Golfo.

Hemingway en La Habana

No fue un amor a primera vista. Ni el único, incluso en esta Isla que alguna vez describiera como «larga, hermosa y desdichada». Pero, por siempre, Ernest Hemingway y La Habana han quedado unidos en la memoria universal a través de la literatura, el recuento de la época, y de relaciones más profundas e inasibles.

El gran éxito de Adiós a las armas, la atracción —esa sí inmediata— por España, un accidente y el nacimiento de su tercer hijo, lo mantuvieron alejado de Cuba hasta 1932, cuando decidió utilizar el hotel Ambos Mundos como base de operaciones para sus pesquerías en aguas cubanas. Éste sería un nuevo nudo en el lazo que lo ataría irremediablemente a la Ciudad.

Su pasión por La Habana

No será hasta 1940 que Hemingway decida radicarse en La Habana, pero desde 1928 no dejará de visitarla intermitentemente —a veces por períodos más o menos largos— y siempre regresará a su habitación del Ambos Mundos.

Desde la distancia rememora esta ciudad y sus virtudes climáticas dice en una crónica realizada para Esquire en agosto de 1934:

«La Habana es más fresca que la mayoría de las ciudades del hemisferio septentrional en estos meses, porque los alisios soplan desde las diez de la mañana hasta las cuatro o las cinco del siguiente día...»

Evoca sus espacios, como en el escorzo con que inicia el relato «Una travesía» (publicado en Cosmopolitan, abril de 1934), que será la primera parte de su novela Tener y no tener:

« ¿Saben ustedes cómo es La Habana a primera hora de la mañana, cuando los vagabundos duermen todavía contra las paredes de las casas y ni siquiera pasan los carros que llevan hielo a los bares, no? Bueno, pues veníamos del puerto y cruzamos la plaza para tomar café, en el café La perla de San Francisco. En la plaza no estaba despierto más que un mendigo que bebía agua en la fuente...»
El Floridita, prestigioso bar muy frecuentado por Hemingway.

Todavía la satisfacción de los sentidos, la sensualidad del vivir y el placer de su estancia en la Isla.

Las menciones a la ciudad y su casa son apenas fragmentos descriptivos. Es tan grande la carga subjetiva, que resulta difícil encontrar referencias muy extensas. Pueden ser frases sueltas: «...en el bar de Cojímar, construido al borde de las rocas que dominaban el puerto...» o «...a través de la terraza abierta, miró el mar, de un azul profundo y con crestas blancas, entrecruzado por las barcas pesqueras que curricaneaban en busca de dorados».

Solo hay una, pero muy importante, excepción: la larga, larguísima descripción de la travesía, verdadera vía que realiza Thomas Hudson desde Finca Vigía al Floridita. Escrito con la conocida técnica del «iceberg», fragmentado, este pasaje está narrado a la manera de un «flujo de conciencia» o monólogo interior del protagonista que, inmerso en el sufrimiento por la muerte de uno de sus hijos, ha ocultado su desgracia a todos.

Una vez más en Ambos Mundos, escribe su mejor novela: Por quién doblan las campanas 1939, y el único cuento suyo que se desarrolla en Cuba: Nadie muere nunca. Ese año, a instancias de la que será su tercera esposa Martha Gellhorn, alquila la Finca Vigía.

Hotel Ambos Mundos

El hotel Ambos Mundos es una sólida y cuadrada construcción de cinco pisos que, en ecléctico estilo de principios de siglo, se erigió en el lugar que ocupaba una añeja casa solariega, previamente demolida, en la esquina de Obispo y Mercaderes.

La habitación donde Hemingway pernoctó inicialmente —y que se convertiría por casi diez años en hogar, lugar de estudio y trabajo— se abre a tres puntos de la ciudad por sendos ventanales: uno, orientado hacia el norte, da a la calle Obispo; otro, más hacia el este, a la calle de los Mercaderes, y el tercero, ubicado entre los dos primeros, hace esquina. A través de esas ventanas, cuando se quedó solo, La Habana se le entregó de golpe al escritor.

Por detrás de su campanario, se asomaban las desiguales y también sonoras torres campaneras de la Iglesia Catedral y, todavía un poco más lejos, los parques de la Avenida del Puerto y el reflejo del sol sobre el agua del canal de entrada a la bahía. Hacia la izquierda, vio el Castillo de los Tres Reyes del Morro con su farola y, después, sólo el mar en su salida hacia el Golfo de México, el gran río azul.

No parece haber reparado de inmediato en el Palacio de los Capitanes Generales, que surge desde abajo, abruptamente, al abrirse la ventana central. Pero sobre éste, en perspectiva, debió divisar La Giraldilla en lo alto del Castillo de la Fuerza, y más distante aún —del otro lado del canal y entre los árboles— el promontorio dominado por la fortaleza de San Carlos de la Cabaña.

Pero no fueron, en definitiva, ni la monumentalidad barroca, ni el encanto colonial, ni el diseño urbanístico de la ciudad lo que sedujo al escritor y al hombre.

La Finca Vigía

Vista exterior de la finca La Vigia.

En 1940, el escritor compra Finca Vigía con el dinero recibido por los derechos de Por quién doblan las campanas, y la hace su hogar.

Para 1945, en Finca Vigía inicia la redacción de dos nuevos borradores. Uno de ellos será su novela El jardín del Edén, publicada muchos años después de su muerte en una controvertida versión editorial. El otro se titularía The Sea Book, pero su escritura se interrumpe varias veces y nunca lograría terminarlo. De aquí saldrá la versión definitiva —como novela independiente— de El viejo y el mar; el resto de ese manuscrito vería la luz después de su muerte con el título de Islas en el Golfo 1970.

Museo Ernest Hemingway

A doce y medio kilómetros del centro de la ciudad de La Habana, en el poblado de San Francisco de Paula, se encuentra enclavada la finca Vigía, última morada en Cuba del periodista y escritor norteamericano Ernest Hemingway.

La hermosa residencia donde Hemingway fue edificada en 1887 por el arquitecto catalán Miguel Pascual y Baguer. La misma está conformada por la casa principal, una construcción independiente conocida como torre, el bungalow-garaje, la piscina y pérgola, el pabellón del yate Pilar y el cementerio de los perros del escritor.

Un año después de su muerte, el 21 julio de 1962 —fecha en la que se cumpliría el aniversario 63 de su nacimiento—, y de que su última esposa, Mary Welsh, donara la casa al Gobierno revolucionario cubano, se decidió convertirla en museo para así perpetuar la memoria del narrador estadounidense cuya prolífera obra mereció el Premio Nobel de Literatura en 1954 por la sobriedad de su estilo, así como por los elementos trágicos utilizados y el retrato que hace de la época que representa en la misma.

Al penetrar en las habitaciones de la hermosa residencia, se descubre el singular e interesante mundo de este hombre que fuera uno de los escritores más talentosos de todos los tiempos.

El Yate Pilar

El Pilar de Hemingway.

El yate hecho de caoba y roble, con una eslora de 11,86 metros y manga de 3,65 metros, disponía de un motor marino, marca Chrysler de 110 HP, y también de otro motor auxiliar más pequeño para el caso que fallara el primero, marca Lycoming de 40 HP con transmisión directa. La distribución del espacio fue concebida a su gusto, con camarote de proa con dos literas, el cual queda aislado por una puerta que conduce al pasillo. La cocina a la derecha y el baño a la izquierda. Le sigue el comedor con una mesa de tablero movible y al otro lado una litera. Dos escalones permiten subir a cubierta, y una puerta da paso al puente donde se encuentra la pizarra y el timón de mando, este último repetido sobre el techo de la embarcación para permitir su gobierno con mayor visibilidad.

Es una embarcación, sólida y gobernable en cualquier estado de la mar; tiene la popa baja y con un cilindro de madera gruesa para izar las piezas grandes a bordo. El puente volante es tan sólido que desde él se puede bregar con un pez grande. –escribió el propio Hemingway.

El yate lo bautizó con el nombre de Pilar, en honor a la virgen de Zaragoza, la Pilarica de España lo que demuestra su predilección por lo español. A su llegada a Cuba se hospedaba en el Hotel Ambos Mundos, mientras que el yate Pilar tenía por base de operaciones a Cojimar, un pintoresco pueblo de pescadores al este de la Habana donde Hemingway se hizo de numerosos amigos.

Obras Literarias.

  • Tres relatos y diez poemas 1923
  • En nuestro tiempo 1925
  • Hombres sin mujeres 1927
  • El ganador no se lleva nada 1933
  • La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve relatos 1938

Ultimos años en Cuba

Hemingway recibe el Premio Pulitzer por El viejo y el mar, y emprende su primer retorno a España después de la Guerra Civil. Practica en África, nuevamente, la caza mayor. Sufre nuevos accidentes que alimentan el mito mundano que, desde mucho tiempo atrás, lo acompaña. Durante unas horas, el planeta se estremece ante la falsa noticia de su muerte. Por fin, en 1954, año en que recibe el Premio Nobel, regresa a La Habana.

Como el viejo Santiago al perder su batalla, «vio el fulgor reflejado de las luces de la ciudad a eso de las diez de la noche. Al principio eran perceptibles únicamente como la luz en el cielo antes de salir la luna. Luego se las veía firmes a través del mar que ahora estaba picado debido a la luna creciente. Gobernó hacia el centro del resplandor y pensó que, ahora, pronto llegaría al borde de la corriente». Y entregó al pueblo cubano y especialmente a los pescadores de Cojímar, en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, la áurea medalla del Premio.

En 1956, su permanente peregrinaje lo lleva a Francia y de nuevo a España. El cuatro de septiembre, por irónica coincidencia, la revista Look publica su última crónica sobre Cuba, ya desde el título significativamente sombría: «Un informe de la situación».

Se mantiene en Finca Vigía hasta el verano de 1960, y conoce a Fidel Castro durante la celebración del concurso de pesca que, desde su constitución, llevaba su nombre. En Finca Vigía terminará la redacción de París era una fiesta, nostálgica remembranza de sus días más felices: su primer matrimonio, su primer hijo y su primer libro. El desequilibrio emocional que lo aqueja y sus secuelas, lo acosan y lo hieren en lo más sensible.

En medio de la crisis entre Estados Unidos y Cuba, en un tránsito de aeropuerto, el periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh logra un breve intercambio con él, parte en español, parte en inglés. En la barahúnda de despedidas y reencuentros de la terminal aérea quedan flotando fragmentos del diálogo:

«Nosotros, los cubanos, ganaremos...», dice Hemingway.

Y agrega:

«I am not a yankee, you know?»

En noviembre ingresa para tratamiento psiquiátrico por primera vez. En abril de 1961 es internado nuevamente. Es sometido a sesiones de electroshocks. El 2 de julio se suicida.

En 1962, se publicó El viejo y el mar en edición cubana de homenaje a su autor y todos conocieron la historia del viejo que pescaba solo en su bote en la corriente del Golfo, cuando hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. La historia terminaba la tarde en que llegó una partida de turistas a La Terraza y, mirando hacia abajo, al agua, entre las latas de cervezas vacías y las picúas muertas, una mujer vio un gran espinazo blanco con una inmensa cola que se alzaba y balanceaba con la marea mientras el viento del este levantaba un fuerte y continuo oleaje a la entrada del puerto.

Desde entonces, Ernest Hemingway fue uno más entre los históricos habitantes de La Habana. Su código ético —de algún modo— también es el de los cubanos, sin que pueda decirse de quién es originalmente: porque el hombre puede ser destruido, pero jamás derrotado.

Fuentes



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